domingo, 12 de febrero de 2017

SEGUNDA REPÚBLICA

La Segunda República Española (1931-1936) constituye una etapa histórica y política de especial intensidad. Surge después del Reinado de Alfonso XIII y crisis de la Restauración, que representan un periplo plagado de conflictos. A pesar del intento regeneracionista (Silvela, Maura, Canalejas), España prosigue con las prácticas caciquiles y el poder oligárquico, aunque con un fuerte crecimiento de grupos y partidos nuevos (no dinásticos) que van ganando protagonismo en la esfera nacional. La Dictadura de Primo de Rivera, en el marco de un régimen fascista, no hace otra cosa finalmente que agravar la situación política, fuera completamente del ámbito democrático. Los gobiernos transitorios del general Berenguer y el almirante Aznar pusieron la puntilla al Reinado del treceavo de los Borbones con la incapacidad de resolver los problemas de España. El Pacto de San Sebastián (el 17 de agosto de 1930), de las fuerzas republicanas contrarias a la Monarquía, puso las bases para que se produjera una nueva etapa republicana, que finalmente aflora a partir de las elecciones municipales (12 de abril de 1931), sembradas con un fuerte carácter plebiscitario. Con los resultados obtenidos, España se proclamará en dos días con régimen republicano (14 de abril de 1931). La llegada de la Segunda República, de forma pacífica y sin estridencias, representa una nueva etapa de grandes expectativas para el Pueblo español. Representa una posibilidad para superar la inestabilidad anterior (el caciquismo, poder oligárquico...), el desasosiego e impotencia existente; sobre todo una esperanza para superar los problemas ancestrales del país; democratizar el Estado, con principios limpios de soberanía nacional; transformaciones económicas e incapacidades seculares (problema de la tierra, retraso...); libertades y derechos amplios en cuestiones fundamentales (libertad religiosa; educación; derechos laborales...); así como resolver los intensos problemas que suscitaban las regiones con sensibilidades nacionalistas acusadas (Cataluña, País Vasco, Galicia, Andalucía...). Más allá del júbilo inicial y las grandes expectativas, la República representa una etapa de grandes conflictos de intereses: entre las fuerzas tradicionales (Iglesia, Oligarquía, finanzas...) y los grupos radicales (obreros, campesinados) que ven frustradas sus expectativas y operan en el marco de la insurrección, fuera de la ley y extremismos de violencia (con casos desgraciados como Castilblanco, Arnedo, Casas Viejas...). Todo ello sucede en etapas bien definidas (bienios de izquierda y centro derecha...)en las que se desarrollan secuencias sembradas de anhelos y violencias, que desgraciadamente desembocan en la tragedia de la Guerra Civil.
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